La pasta térmica es la única barrera que impide que el calor del procesador se acumule y queme los componentes. Si aplicas demasiada, el exceso actúa como aislante térmico y el equipo se ralentiza por sobrecalentamiento. Un grano de arroz es la referencia visual correcta; más que eso, es un error.
⚠️ Antes de empezar: No ensucies los pines del procesador ni los contactos del socket, ya que el alcohol o la pasta pueden corroerlos o impedir la conexión eléctrica.
Lo que necesitas
- Pasta térmica de calidad
- Paño de microfibra
- Alcohol isopropílico
- Disipador o ventilador
El que usamos nosotros es el Pasta térmica ARCTIC MX-6 (8 g).
1. Retirar el disipador con cuidado
Antes de tocar nada, asegúrate de que la torre esté desenchufada y la placa base descargada. Si el disipador lleva ventilador, desconecta su cable de alimentación de la placa base para evitar que gire mientras trabajas. Afloja los tornillos de sujeción siguiendo un patrón en cruz o diagonal, nunca en línea recta, para no deformar la carcasa del procesador. Si estás ante un disipador de tornillo central, gíralo en sentido antihorario hasta que quede libre.
Una vez aflojados los fijadores, levanta el disipador con movimientos suaves. No lo tires hacia un lado ni hacia otro; el pegote de pasta vieja actúa como una cola fuerte. Si sientes resistencia, aplica una ligera presión vertical hacia arriba hasta que ceda. Verás cómo el disipador se despega.
2. Limpiar los restos de la pasta antigua
Ahora tienes dos superficies manchadas: el IHS (Integrated Heat Spreader) del procesador y la base del disipador. Necesitas dejar ambas limpias como un cristal, o la nueva pasta no hará su trabajo. Usa papel de cocina o una servilleta de papel absorbente, nunca tela que suelte pelusa.
Si la pasta está muy seca y dura, no la rasques con una herramienta metálica. Un poco de alcohol isopropílico ayuda a disolverla. Frota con la servilleta hasta que no queden manchas grises ni blancas. Si ves que queda una capa fina, repite el proceso. La suciedad actúa como aislante, no como conductor.
3. Preparar la superficie del procesador
Con el disipador a un lado, revisa el procesador. Debe estar seco y libre de polvo. Si has usado alcohol, deja que se evapore por completo antes de seguir. Una superficie húmeda diluirá la nueva pasta térmica y arruinará la conductividad.
Verifica que no haya pelusa de la servilleta pegada. Un pelo puede crear un punto frío o, peor, un punto caliente local. La superficie debe ser uniforme. Si tienes dudas sobre si está lo suficientemente limpio, repite la limpieza con una servilleta nueva.
4. Aplicar la pasta térmica
Este es el momento crítico. La pasta térmica no llena huecos grandes; su trabajo es llenar las microirregularidades entre el procesador y el disipador. No necesitas una montaña.
La cantidad correcta es del tamaño de un guisante pequeño o una gota de tamaño de un grano de arroz grande. No es una pasta de dientes. Coloca la gota en el centro del IHS. Si tu disipador es de tipo “heat pipe” con contacto directo, a veces se recomienda una cruz o cuatro puntos, pero para la mayoría de disipadores de torre, el punto central es la norma estándar.
5. Montar el disipador
Vuelve a colocar el disipador sobre el procesador. No lo aprietes de golpe. Si tu disipador usa tornillos, apriétalos en diagonal: primero uno, luego el opuesto, y así sucesivamente. Esto reparte la presión uniformemente.
No uses una llave inglesa ni fuerza bruta. La presión debe ser firme pero moderada. Si aprietas demasiado, el IHS puede deformarse ligeramente, creando puntos de contacto imperfectos. Si aprietas poco, la pasta no se distribuirá y quedarán huecos de aire.
Errores que se pagan caros
Poner demasiada pasta térmica es el fallo más común. Muchos creen que “más es mejor”, pero la pasta es un aislante térmico en comparación con el cobre o aluminio del disipador. Si pones una capa gruesa, el calor no llega al disipador. La pasta debe ser una película microscópica, no un relleno. Si al montar el disipador la pasta sale por los bordes, no es grave si es mínima, pero si sale un montón, has puesto de más.
Otro error es no limpiar la superficie anterior. La pasta vieja mezclada con la nueva no conduce bien. Es como intentar sellar una grieta con cemento mojado sobre cemento viejo; no pega y no sella. Siempre que quites el disipador, limpia ambas superficies.
No olvides que la pasta térmica es un consumible. Con los años, se seca y pierde propiedades. Si notas que las temperaturas en reposo han subido varios grados sin cambiar nada más, es probable que la pasta esté muerta. Cámbiala cada dos o tres años, o siempre que desmontes el disipador.
Finalmente, no mezcles marcas o tipos de pasta térmica sin saber lo que haces. Algunas pastas son conductivas eléctricamente, otras no. Si usas una conductiva y se te escurre sobre un circuito, puedes crear un cortocircuito. Usa siempre la pasta que recomienda tu fabricante o una de calidad conocida que no sea conductiva a menos que sepas que tu equipo lo soporta.



